martes, 6 de junio de 2006

8 DE JUNIO. ACCIÓN INTERNACIONAL CONTRA LA TRANSFOBIA

Gisberta Salce Junior, inmigrante brasileña, transexual, seropositiva, toxicómana, prostituta y sin techo, fue encontrada muerta el 22 de Febrero en el fondo de un pozo lleno de agua con diez metros de profundidad, en un edificio abandonado en Oporto. Un grupo de 14 adolescentes, con edades entre los 10 y los 16 años, confesaron el crimen. Los jóvenes vivían en una institución de menores financiada por el sistema de protección de menores estatal pero perteneciente a la Iglesia católica.

Basándose en esta confesión poco a poco fueron conociéndose detalles del terrible acto. La víctima se encontraba en un estado de salud muy debilitado, y era frecuentemente perseguida por estos jóvenes, siendo objeto de sus insultos y agresiones. El 19 Febrero, el grupo penetró en el edifico abandonado donde dormía Gisberta, la ataron, amordazaron y agredieron con extrema violencia, dándole patadas y golpeándola con palos y piedras. El grupo confeso igualmente haber introducido palos en el ano de Gisberta, que presentaba grandes heridas en esa parte del cuerpo, antes de abandonaría en el local. El cuerpo presentaba también marcas de quemaduras con cigarrillos. El 20 y 21 de Febrero volvieron al local continuando con las agresiones hasta que en la madrugada del 21 al 22 de Febrero, lanzaron finalmente el cuerpo de Gisberta a un pozo, intentando ocultar el crimen. Todo parece indicar que Gisberta todavía estaba viva en el momento en que fue arrojada al pozo y que murió ahogada.

A PROPOSITO DE LAS REACCIONES Y DE LA GENERALIZACIÓN DE LA TRANSFOBIA.

El caso tuvo una amplia difusión en los medios de comunicación portugueses los días 23 y 24 de Febrero, eso sí, con una información parcial y tendenciosa. Mientras muchos medios hablaban del asesinato de “un travestí”, una buena parte se refería solamente a la condición de “sin techo, prostituta, toxicómana” de Gisberta, nombrada mayoritariamente por la prensa como “Gisberto”, su nombre legal. En consonancia con esta omisión,, desde el primer momento, incluso antes de que fueran conocidos detalles concretos sobre el crimen o sobre la propia identidad y personalidad de la victima, numerosos periódicos publicaron artículos de comentaristas conocidos por su oposición a los derechos LGBT en Portugal,, advirtiendo que el caso no debería ser considerado como un “crimen de odio” y que no era legítimo considerar la transexualidad de Gisberta como uno de los motivos de su asesinato. El argumento utilizado en ese sentido fue siempre la minoría de edad de la mayoría de los agresores. Mientras tanto, fueron y siguen siendo ignorados por los media los comunicados enviados por las asociaciones LGTB portuguesas, en especial los posicionamientos de las Panteras Rosas y de la asociación trans Asociação para o Estudo e Defesa do Direito à Identidade de Género , que clarificaban la transexualidad e identidad de la víctima y exigían medidas legales y sociales de lucha contra las discriminaciones y de protección contra los crímenes de odio en función de la identidad de género, orientación sexual, condición social, enfermedad u origen nacional.

Evitando hablar de “crimen de odio” con el argumento de la edad de los agresores y con excepción de pocos políticos a nivel individual, ningún partido político portugués se posicionó sobre el crimen o lo condenó públicamente. Del gobierno, la única reacción vino del Ministro responsable de las instituciones de menores, que se limitó a declararse profundamente afectado por lo sucedido sin tan siquiera ordenar una investigación de la institución que acogía a los agresores. Estos, con excepción de un joven de 16 años que ya puede ser responsabilizado criminalmente y se encuentra en prisión preventiva, fueron reintegrados a la institución y se encuentran en régimen de semilibertad. No se ha tomado ninguna otra medida contra los agresores. Este crimen tuvo una cobertura engañosa por la prensa portuguesa, el poder judicial lo minimizó y el político lo ignoró. El engaño incluye el intento de deshumanización de Gisberta. En los periódicos no se publicó ninguna fotografía de la víctima. Los media y los comentaristas concentraron el shock por el crimen en la edad de los agresores y no en el resultado de la muerte de una ciudadana. Han reproducido insinuaciones del cura responsable de la institución de menores, que llegó a afirmar públicamente que uno de los chicos de la institución estaba siendo molestado por un pedófilo, lo que, al parecer, sería una circunstancia atenuante. Estas declaraciones no provocaron ninguna reacción pública de indignación.

A diferencia de lo que es habitual, los datos revelados el día 24 sobre los abusos sexuales sufridos por la víctima, y también sobre la posibilidad de que estuviera viva cuando fue lanzada al poso, sólo fueron publicados por un periódico de Oporto. Cuatro días después de la denuncia del crimen el silencio de los medios sobre el asesinato era ya absoluto. En Portugal se está haciendo todo lo posible para olvidar este horrible crimen. No se prevén consecuencias para nadie, ni acciones judiciales ni cambios legales de ningún tipo.

La acumulación de exclusiones sociales y degradación de Gisberta Salce Júnior expone claramente la marginalización de las personas transexuales en Portugal. Este caso es una clara demostración del alto nivel de transfobia de la sociedad portuguesa. Cualquier debate público sobre el caso está siendo silenciado.

LA LLAMADA DE APOYO

El asesinato de Gisberta nos trae a la memoria hechos similares ocurridos en España: el apaleamiento y torturas a la que fue sometida Irune por policías municipales de Santander en noviembre del 90; el asesinato en Barcelona de Sonia por un grupo de skinheads; el asesinato de Joanna y el intento de asesinato de Carmen en Madrid en octubre del 92; el rapto y violación de una transexual en Barcelona en marzo de 1993 por un grupo de adolescentes; las vejaciones a las que fue sometida una transexual por un Inspector jefe de Policía en Madrid en abril de 1993; el apuñalamiento de un transexual en Madrid en julio del 96; el apaleamiento de dos transexuales en Madrid en diciembre del 97 o las agresiones a transexuales trabajadoras del sexo en Madrid a lo largo de 2002.

Por eso, frente a un terrible asesinato que cada vez mas se configura como un crimen de odio, frente a la omisión tendenciosa de la componente sexual y

transfóbica del mismo, frente a la desorientación de la mayoría de las asociaciones LGBT portuguesas que han contribuido a la confusión y desinformación mediática al ser incapaces de informar debidamente sobre la verdadera identidad de la víctima ni sobre la diferencia entre homofobia y transfobia, frente a un claro intento mediático y político de desculpabilización del crimen, de omisión del componente “odio” en la muerte de una persona que acumulaba tantas exclusiones sociales, frente al intento de culpabilización de la víctima y de silenciamiento público de este caso:

LLAMAMOS AL APOYO A LOS COLECTIVOS Y ORGANISMOS DE LUCHA POR LOS DERECHOS HUMANOS EN TODO EL MUNDO

-Para que denuncien los más ampliamente posible los hechos ocurridos en Portugal.

-Para que hagan oír su protesta ante el gobierno, las entidades oficiales, partidos políticos y medios de comunicación social portugueses por la forma en que están tratando lo sucedido.
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Noticias relacionadas con Gisberta:

* Gisberta: El crimen queda, por tanto, impune y los agresores, en libertad.

LA BELLA ESTOICIDAD DE SER DIFERENTE.


Ericka Villegas columnista de www.opcionbi.com y de www.anodis.com/ me envía una ponencia que presentó el pasado jueves 1 de junio en la Universidad Pedagógica Nacional en el marco de la Conferencia Internacional Textos Testimoniales: Historias, vidas y Recuerdos, organizada por Enkidu Magazine en la Ciudad de México.
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Aquella tarde en que por casualidad me encontraba en ese sitio, no pude menos que recargarme y atisbar; mis manos se crisparon, asidas a la reja metálica y mis labios y nariz traspasaron un lugar que de tiempo atrás, por mi condición de mujer, me estaba vedado. Observé como quien hurga en la infinidad del cielo, soñando en convertirse en ave. Olí, viví, sentí de alguna manera subjetiva el juego de futból en que mis compañeros de oficina se enfrascaban y con ello, palpé el ensueño que me llevó ahí, casi de verdad, un poco menos mentira que ilusión, inalcanzable fantasía ¿Quién me lo hubiera dicho tiempo atrás? Recordé los tiempos de mi infancia en que solía jugar en el equipo de futból de la escuela, cuando todo, —Excepto aquel juego con su acariciada libertad de vuelo—. Estaba cubierto por el velo de la prohibición. Caer en cuenta de los días en que tenía prohibido ser y vivir, me hizo volver a los tiempos de la escuela. Recordé justo el primer día en que con muchos trabajos podía recargarme para escribir con la mano izquierda en un pupitre diseñado sólo para quienes usaban la derecha. —Cosas del diablo— solían decir mis vecinas, ante la sola mención de mi condición zurda —Peor aún... ¡Comunismo!—. Mi madre solía atarme la mano izquierda a la espalda para obligarme a escribir con la derecha, remedio que jamás funcionó, porque, al menor descuido me desataba —Cabe aclarar que mi madre jamás lió demasiado fuerte— y reanudaba mi labor usando la única mano que, paradójicamente, para mí era diestra. Fue así como libré mi primera lucha en beneficio de mi propia forma de ser minoría, mi primera lucha por “la izquierda”.

Evoqué también la soledad; evoqué las tardes cuando mi madre, —enfermera y con turnos agobiantes—, me dejaba a cargo de una mujer a quien adopté como abuela. Mi abuela Lupe era prácticamente una anciana: Amorosa y tierna pero con muy poca vitalidad por lo que, mientras tejía en otra habitación, me dejaba jugar a mi anchas por la casa, más sin compañía. En aquellos tiempos soñaba en secreto, con que yo no era yo, sino... No sé... Alguien distinta. Hurgaba por la casa en busca de mí misma; encontraba en algún rincón —comúnmente debajo de la cama— a mis pies, en un armario, a mi cuerpo y... frente al espejo... una sombra: Mi faz, eternamente evasiva, prófuga de mi propio atisbo. Puede decirse que me conocí por partes, cubierta y deliciosamente abrumada por lo vestidos de mi madre, cuya talla me venía al cuerpo y me excedía, calzando unas zapatillas de tacón mientras me fantaseaba quizás 10 años mayor, pero sin rostro. Recuerdo también las noches en vela, de plegaria, de súplica desesperada en oración para que el milagro al fin sucediera: “Dios mío, por favor, que cuando despierte me haya convertido en niña”, y es que, no puedo recordar una imagen más desolada que la de aquel niño que fui, fincando su fe, su esperanza y la ilusión más cara de su vida en un milagro con nulos visos de acontecer. Cada mañana, sin excepción, la desilusión me daba los buenos días; de nuevo yo, triste, al borde del llanto, tenía que fingir entereza… Aún más: Felicidad. ¿A quién puede importarle el sueño imposible que perturba la paz de un niño solitario? ¿Y si mis padres se enteraran? ¡Ni pensarlo! A final de cuentas yo era el orgullo de mi padre, el mayor de sus hijos varones y, por tanto, el depositario de los privilegios y responsabilidades del primogénito.

Una de las primeras lecciones que recibí en la escuela marcó mi vida de forma decisiva: “Sólo quien se mantiene fuerte sale avante”. Luego de que le rompí la nariz —Y, en honor a la verdad, me hincharon un ojo— con un certero puñetazo a un compañero de clase, comprendí que mi fragilidad no me llevaría a ningún lado, mientras que la fuerza me daría respeto. Los demás chicos de la clase me recibieron animosamente y, sin reparar en mi tez melancólica que los adultos sí notaban. —Es un niño inteligente y noble—, decían. —Sensible. Quizás llegue a ser artista—. Yo me burlaba de ellos y hacía bufas parsimonias que mis amigos celebraban creyéndome un héroe de trasgresión para con el yugo adulto. Era diferente, individual y “libre” ante sus ojos, mientras yo furtivamente, miraba con una envidia que me corroía el pecho, a las niñas jugando en paz, entretenidas en sus propios afanes y riñas, ajenas por completo a los juegos rólicos de varones que yo sufría y despreciaba. Su mundo era, para mí, una patria lejana, la quimera de quien persigue al horizonte sólo para descubrir que por siempre será una línea inalcanzable, difusa a la distancia. Mi supuesta libertad, me convertía en presa de mi propia farsa.

—Este juego es de fuerza, de astucia, de habilidad y de perseverancia—. Solía decirnos el entrenador del equipo de futból, a menudo. —Lo importante, no es llegar individualmente a la meta, sino meter el balón, conseguir, por sobre todo, el objetivo común del equipo—. ¿Y qué hacía yo en semejante juego? De inicio no lo entendí, pero recuerdo que le encontré el gusto. Me agradaba la idea de conseguir un cometido por sobre todos los obstáculos y muy pronto entrenaba junto a mis compañeros henchida de entusiasmo. Comprendí durante los juegos que, para poder anotar tenía que esforzarme, soportar el dolor y superar la resistencia. Por increíble que parezca, en este país mestizo, el color de mi piel también me significó una desventaja; mis compañeros de equipo, en su mayoría de tez clara, solían hacer chistes sobre mi piel morena. Las suyas eran bromas aparentemente inofensivas, pero que me lastimaban profundamente y me hacían renegar en mis horas bajas, de mi raza, de mi ascendencia orgullosamente mexica y zapoteca. Era como si la mexicanidad, estuviera vetada en nuestra propia casa. Buscando respuestas, me topé con León Portilla, Matos Moctezuma y otros autores que me mostraron un mundo de glorias pasadas, un tiempo en que la piel morena señoreaba por sobre Cem Anáhuac a fuerza de ciencia y lanza. Me convertí, influenciada por las gloriosas gestas de Nezahualcóyotl, Ahuizotl e Ilhuicamina, en guerrera; me enorgullecí de mi herencia étnica y callaba con energía a quienes vociferaban buscando mermar mi euforia. En público era un joven dinámico y de carácter fuerte, lleno de amigos que compartían conmigo afanes y audacias, pero en secreto, volvía al armario de mi mamá, de tarde en tarde, para rescatarme del exilio, para volver a ser yo, para permitirme en un breve espacio de tiempo contactar conmigo misma, como si fuese una extranjera dentro de mi propio cuerpo. Descubrí lo paradójico de que nuestro medio social nos estuviera constantemente bombardeando con ideas sobre la importancia de la individualidad, sobre cómo es necesario y deseable reconocernos entes libres, independientes e, incluso nos alienta a convertirnos en transgresores de esquemas convencionales, dotando a este deseo de cargas incluso, francamente románticas sobre la bella estoicidad de ser diferentes. De este modo, los modelos a seguir que nos imponían, llámense santos, mártires, héroes nacionales, universales y ficticios, nos eran presentados como adalides que habían contravenido con la imperfección de su tiempo, para crear pensamientos, ideas y sistemas que se elevaban por sobre lo anterior con la majestad de su visión casi mesiánica, instituyendo verdades incuestionables que tenían que ser defendidas a su vez, contra una pujante barbarie de seres supuestamente inadaptados que, al no comprenderlas, las cuestionaban y se presentaban en apariencia, como indeseablemente disidentes.

Dentro de esta paradoja, incluso me encontré con formas oficiales de discrepancia; contraculturas socialmente asimiladas, expresiones políticas y artísticas que, buscando respeto a su derecho a diferenciarse, se convirtieron, por un lado en cerradísimos espacios puristas donde quien difiriera de la idea común era segregado, y por otro, en corrientes de pensamiento y acción susceptibles a ponerse de moda. Luego entonces, las personas, convertidas en masa sin identidad, hacían lo posible por transmutarse en un vasto e inverosímil grupo de transgresores uniformes. Descubrí pues, un modelo ideal para ser rebelde, un fenotipo deseado, una vestimenta apropiada, una expresión artística imprescindible y un marco de aleccionamiento reaccionario disimuladamente permitido, mientras que, lo que de ello difiriera era considerado “loser”. ¿Qué podía hacer yo, con mi oculta diferencia no admitida, con ese sentir que iba más allá de la “trasgresión correcta”? Me encontré con un mundo polarizado, un mundo de opuestos, aparentemente irreconciliables, pero sospechosamente complementarios donde ni los puntos medios, ni las disyuntivas a una línea recta que también carecía de segmentos intermedios, tenían lugar. ¿Cómo, en un espacio donde sólo conviven lo sublime y le execrable, vivirme humana? ¿Cómo me encuentro yo, cómo nos encontramos todas las personas que, irremediablemente distintas, estamos sin cabida en los modelos contradictorios en que se asimilan tajantemente la semejanza y la diferencia? Por aquel tiempo conocí a Jorge; un joven estudiante de La Biblia que una buena tarde llegó a mi casa para intercambiar reflexiones sobre el Dios judeocristiano en Quien creía y en Quien, de algún modo, aún creo fervientemente. Pasaba junto a él algunas tardes, reflexionando sobre las palabras de Herman Hesse, el autor favorito de nuestras constantes discusiones —Hacía tiempo que La Biblia había quedado de lado—, y reparé en un texto, cuyo eco sería mi ruta y mi destino su sentencia:

"El que quiere nacer, tiene que romper un mundo”.

¿Tenía entonces que romper un mundo para poder na... Ser? Las ideas giraban en torno a mi cabeza y mi entusiasmo crecía al infinito cuando, embobada por la fascinante fuerza de las palabras de Jorge, por la exquisita convicción de su voz, por la magia deliciosa de sus hermosos ojos verdes, se me olvidaba que romper un mundo, implica cataclismos sin parangón y... ¿Pero qué estaba pensando? ¿La fascinante fuerza de sus palabras? ¿La exquisita convicción de su voz? ¿La magia deliciosa de sus hermosos ojos verdes? Por si acaso hubiera faltado una complicación en la vida del adolescente confuso que entonces solía ser, tenía que admitirlo: Estaba profundamente “enamorado” de Jorge. Pero... Si me gustaban las mujeres, eso me quedaba muy claro; me gustaba Ofelia, la hermana de otro de mis grandes amigos; acostumbraba buscarla improvisando charla, cuando ella volvía de la escuela y mirar de reojo su hermoso y delicado cuerpo, sus ojos brillantes que sonreían a la vez que sus labios perfectos y su aromático cabello castaño. Pero no menos amor, no menos atracción implicaba para mí la figura gruesa y amable de Jorge y su eterno afán de conocimiento. Una tarde, mientras, echados en la sala de su casa, perdíamos el tiempo, de pronto se acercó a mí y, poniéndome su mano sobre el hombro me dijo: —Ay flaquito; si fueras mujer, serías mi vieja— y considero que ese fue el principio del fin. Me quedé muda, sin saber que decir, a punto de llorar y fingiendo indiferencia. Nunca más fue lo mismo y muy pronto, mi adorado Jorge se perdió en la distancia gélida que, más que el espacio, impone inclemente, la fuerza del silencio.

Pronto me volví “normal” y tuve una, dos, tres... muchas novias que me complacían la vista y me alimentaban el libido. La mujer sin rostro al otro lado del espejo aún seguía ahí, y con ella, mi secreto, pero cuando las acuciantes dudas se mezclan con placer, tienden a menguar y yo me deleitaba feliz con las delicias del amor recién hallado. Conocí a Leticia, una chica apenas más joven que yo y me enamoré de su personalidad montaraz. Sostuve con ella una deliciosa relación que duró poco más de un año al cabo del cual nos separamos, pero ya no éramos las mismas personas; Leticia estaba encinta y pronto dió a luz al orgullo más grande de mi vida: Mi hijo Saúl. Lo amé desde el primer momento, sin medida, sin distinción de género ni protocolo; mi corazón se llenó de luz y mi vida de nuevos significados. Tener un hijo fue para mí como parir una estrella; obsequiarle en un suspiro, la brillantéz de un sol al firmamento. Vive en mí y está conmigo, justo ahora que le evoco y siempre.

Siempre sentí curiosidad y afición por la música, así que una tarde, unos amigos y yo decidimos armar una banda de rock. Aprendí a tocar la batería y, contrario a lo que se piensa, junto a su sonido estridente, encontré en ella cadencia y musicalidad. Para mí, estar sentada frente al aparatoso instrumento, me semejaba conducir el carro de Apolo; era una sensación de poder, de control, pero también de exquisita sublimidad; por momentos se me antojaba dulce el sonido de la baqueta al estrellarse en diferentes posiciones sobre la rugosa superficie del parche de tarola. Con el paso del tiempo, mi aventura musical se convertía en pasión, vocación y arte. Amé la música y una vida entera transcurrió de idilio entre la sensación de expresarme sin palabras y las largas y árduas tardes de ensayo dominando la ejecución. Fue en ese entonces que Alicia llegó a mi vida y me deslumbró como nadie antes lo había hecho; me enamoré perdidamente y con ella comenzó toda una nueva historia. Alicia me hizo, por primera vez, desear estar con alguien una eternidad entera, le abrí mi mundo y todos mis secretos, incluso le hable de la mujer sin rostro al otro lado del espejo y ella, lejos de lo predecible, me confesó que se asumía bisexual, que le gustaban las mujeres lo mismo que los hombres y decidió conocer a esa mujer sin faz. La aceptó, la amó, la instruyó y, de algún modo, le dio el rostro que yo siempre, en vano había buscado. Me enseñó a vestir, a caminar con tacones, a maquillarme, a modular la voz... En una palabra; me transformó en... ¡En mí misma! En una mujer que se vivía, que se sentía radiante, con nombre y apellido propios, sustituyendo al —hoy anónimo— niño gris de tiempo atrás. Poco a poco, con el esmero, enseñanza y cuidado de Alicia, surgí de la nada soñando que, como la diosa lunar, Coyolxhauqui, emergía desde mí y de mi derrota para coronar la noche. Comencé a reunirme con un grupo de personas transexuales porque, ahora comprendía que yo no era un hombre que llevaba una mujer oculta dentro, sino una mujer que se ocultaba tras un sofisma construido sobre la contundencia de mi pene—. Aprovechaba el grupo para compartir impresiones en torno a la experiencia personal de cada quien, yo me sentí feliz, emocionada de poder nombrarme libremente como siempre me había sentido ser, de poder hablar y de identificarme con tantas personas que compartían conmigo una circunstancia a menudo desequilibrante. Ahora era ya una mujer y mi transición, de inicio, parecía una ruta sin escalas hacia la libertad, pero no fue tan sencillo; mi amor por Alicia era cada vez mayor y yo no tenía empacho en decirlo, pero muchas de mis compañeras y nuevas amigas, recibían de mal talante el hecho de que yo me considerara mujer transexual lesbiana. Para ellas, su preferencia heterosexual (hacia los varones) era un modo de reafirmar su feminidad, es decir: —¿Soy mujer? Luego me gustan los hombres— y sentían —Especulo— que cuestionar la orientación implica cuestionar la identidad, y es que, cuando vivimos una condición que confronta a todas nuestras certezas ¿Cómo? ¿A qué asirnos para no sentir que desvariamos irremediablemente? Me sentí parcialmente excluida con mis compañeras transexuales hetero y absolutamente con las biochicas lesbianas; para muchas de ellas, feministas radicales, mi condición transexual era una indeseable infiltración masculina en sus filas, una extensión del machismo en sus trincheras —Como si la convicción tuviera genitales— que no podían permitir. No sólo eso me alejó de los círculos lésbicos, sino además, la sensación íntima de no pertenecer porque, si bien me gustaban las mujeres, también sentía atracción y libido hacia los hombres. De nueva cuenta ¿Qué era yo? ¿Qué broma, qué autoboicot estaba empeñada a realizar volviéndome eternamente “ambigua”, “indefinida”? Otra cosa que no gustó a mis amigas transexuales fue mi gusto por tocar batería; se les antojaba rudo y masculino, pero ¿Qué podían saber ellas sobre mis sensaciones, sobre la forma en que me llenaba y satisfacía tocar, sobre el tiempo y amor invertidos en la ejecución? Llegó el momento en que decidí, por bien propio, no censurarme, como había hecho siempre y simplemente vivir: ¿Por qué, si ya me había cuestionado un género que rechacé desde las ubres de mi madre, no cuestionarme una y mil opiniones ajenas?

Cierta tarde del año de 2003, me hicieron una invitación a participar en un programa de radio sobre bisexualidad y, dado que a mí me gustaban las personas, de forma independiente de su género, acepté sin tener muy claro si me aplicaba el término. En esa entrevista conocí a Natalia Anaya, quien me propuso asistir a las reuniones de un grupo que entonces comenzaba sus actividades: Opción Bi. —La idea del grupo— Me explicó Natalia— es reunirnos, personas bisexuales y no bisexuales, para hablar sobre bisexualidad, intercambiar experiencias, combatir con información los estereotipos negativos que existen en torno a nuestra orientación y ¿Por qué no? Hasta crear un discurso bisexual hecho por bisexuales—. La propuesta me interesó sobremanera y desde entonces he participado en el grupo, ahí conocí a personas comprometidas que compartían conmigo la característica de indefinición, pero resignificándola; de pronto ya no era una descalificación, sino la consecuencia lógica de nuestra concepción constructivista inherente a los seres humanos. Comprendí que las personas podemos escapar de las construcciones y disidencias establecidad para crear nuestra propia individualidad. También comencé a tocar con el grupo de rock Neurotika —El cual nació como grupo musical transgénero y actualmente es mucho más que eso; un espacio de expresión sin fronteras— y me enorgullecí de sentarme de nueva cuenta tras la batería. Conocí, me enamoré de Misha, una hermosa mujer con quien hoy comparto la vida y también me descubrí poliamorosa. Era al fin, orgullosamente, una mujer fuerte, feminista, amorosa, morena, baterista, que, siendo transexual tenía un hijo, zurda y bisexual. Concluí que en la vida, como en el fut, lo importante es conseguir el objetivo común, soportando el dolor y superando la resistencia.

Mientras regresaba de mi ensimismamiento, observé, del otro lado de la reja, como uno de mis compañeros de oficina entraba al área rival, aguantó una falta defensiva y, girando sobre su pierna derecha, se colocó de frente y a tiempo para vencer al portero contrario, con un sólido disparo de zurda. Mirándolos festejar la anotación, pensé de pronto: ¿Por qué no? Quizás en el futuro, decida volver a ser futbolista.

Besos y abraxos.

Ericka Villegas

viernes, 2 de junio de 2006

Anuncio de aprobación de la Ley de Identidad de Genero, por Vicepresidenta

Anuncio de aprobación en el consejo de Ministros de la Ley de Identidad de Genero, realizada por la Vicepresidenta de Gobierno Español, Doña María Teresa Fernández de la Vega.


Video cortesía de la Asociación TRANSEXUALIDAD-EUSKADI

Consejo de Ministros ha aprobado hoy la Ley de Identidad de Genero para transexuales


(Última hora) El Consejo de Ministros aprobó hoy, a propuesta del ministro de Justicia, Juan Fernando López Aguilar, el proyecto de la ley de Identidad Sexual para transexuales, que permitirá a estas personas cambiar el nombre y el sexo en sus documentos sin necesidad de haberse sometido a una operación.

Europa Press-.
La vicepresidenta primera del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, recordó en la rueda de prensa posterior al Consejo que la aprobación de esta norma "es un compromiso electoral, pero también, y casi aún más, un compromiso ético con una parte de la ciudadanía".

"El Estado tiene la obligación de garantizar el desarrollo de la personalidad de cada ciudadano y (esta Ley) contribuirá a dignificar la vida de miles de personas que viven en esta situación", destacó la vicepresidenta primera.

Esta ley (reguladora de la rectificación registral de la mención relativa al sexo de las personas) tiene como finalidad ordenar los requisitos necesarios para modificar la inscripción relativa al sexo de una persona en el Registro Civil, cuando dicha inscripción no se corresponde con su verdadera identidad de género. Asimismo, contempla el cambio del nombre propio para que no resulte discordante con el sexo reclamado.

En su exposición de motivos, el proyecto explica que la transexualidad, considerada como un cambio de la identidad de género, ha sido ampliamente estudiada por la medicina y por la psicología.

Así, el Gobierno entiende que "se trata de una realidad social que requiere una respuesta del legislador para garantizar el libre desarrollo de la personalidad y la dignidad de las personas cuya identidad de género actual no se corresponde con el sexo con el que inicialmente fueron inscritas".

En aras de la seguridad jurídica y las exigencias del interés general, el proyecto de Ley establece una serie de requisitos para proceder al cambio de identidad, empezando por un diagnóstico de disforia de género", mediante informe de médico o psicólogo colegiado.

Además, deberá probar que ha sido tratada médicamente durante, al menos, dos años para acomodar sus características físicas a las correspondientes al sexo reclamado. La acreditación del cumplimiento de este requisito se efectuará mediante informe del médico colegiado bajo cuya dirección se haya realizado el tratamiento.

La ley tendrá carácter retroactivo, por tanto ambos requisitos podrían haberse cumplimentado tanto con anterioridad como con posterioridad a la entrada en vigor de la ley. Así, quienes acrediten dichos requisitos de forma suficiente podrán solicitar el cambio de la mención registral del sexo al día siguiente de que la ley entre en funcionamiento.

UN NUEVO DNI

Por su parte, las personas que acrediten mediante informe de médico colegiado o certificado del médico del Registro Civil, haber sido sometida a cirugía de cambio de sexo con anterioridad a la entrada en vigor de la Ley, quedará exonerada de acreditar los requisitos citados.

En cualquier caso, el cambio de sexo y nombre obligará a quien lo hubiere obtenido a solicitar la emisión de un nuevo documento nacional de identidad ajustado a la inscripción registral rectificada, conservando siempre el mismo número de DNI.

Número de transexuales en España se sitúa entre los 3.000 y 9.000

En España se estima que hay entre 3.000 y 9.000 personas transexuales, que podrán realizar el cambio legal de nombre y sexo en el registro civil sin necesidad de someterse a una operación de reasignación de sexo gracias al proyecto de ley sobre identidad sexual aprobado hoy en Consejo de Ministros.

EFE-.
Según explicaron a EFE asociaciones de transexuales, es imposible conocer la cifra exacta de transexuales, pero alrededor de 3.000 personas han pedido una operación de reasignación de sexo y el resto se ajusta a las extrapolaciones realizadas por el tamaño demográfico del país.

Con el proyecto de ley se cumple con la principal reivindicación de estas personas, muchas de las cuales han rechazado sus caracteres sexuales durante su infancia y se han sentido mujeres atrapadas en cuerpos de hombre o viceversa.

Con la futura ley, España se suma a países como Suecia, Alemania, Italia, Holanda, Reino Unido o Turquía, que ya han dado seguridad jurídica a la necesidad del transexual diagnosticado de ver recogida su asignación inicial de sexo, que se recoge en el Registro Civil y supone una contradicción con su verdadera identidad sexual.

Otra petición del colectivo transexual es la gratuidad de la operación de reasignación de sexo y, por tanto, que la sanidad pública asuma el coste.

Hasta la fecha, sólo las comunidades autónomas de Andalucía y Extremadura se hacen cargo de la financiación, mientras que Asturias y Aragón se han comprometido públicamente a ello.

Asimismo Cataluña, que no sufraga la operación, tiene unidades de tratamiento endocrinológico y psicológico.

Ayer la Asamblea de Madrid aprobó por unanimidad una proposición no de ley que insta al Ejecutivo regional a incluir en el catálogo de prestaciones del Servicio Nacional de Salud el tratamiento médico y quirúrgico que requieran los transexuales para el cambio de sexo.

El proceso de cambio de sexo es largo y complicado; antes de iniciarse el sujeto ha de someterse a una serie de pruebas y análisis que constaten su verdadera discordancia sexual y descarten que se trata de un homosexual o una persona con desequilibrios psíquicos que no habría de solucionarse mediante el cambio de sus caracteres sexuales primarios y secundarios.

Una vez decidido el cambio de sexo es necesario un tratamiento de psicoterapia, anterior y posterior a la intervención quirúrgica, para ayudar al paciente a salvar los posibles problemas que todo cambio conlleva, a aceptar su nuevo cuerpo y a conocer todo lo que del mismo se deriva.

Con anterioridad a 1983, practicar operaciones de transexualismo estaba penado en España, pero a mediados de los años 70 especialistas en obstetricia y ginecología realizaban en clínicas españolas cambios de sexo o perfeccionamientos sobre operaciones ya realizadas.

jueves, 1 de junio de 2006

Se recordó en Lima, Perú, a las victimas del odio transfóbico y homofóbico

Con una emotiva romería por las calles del centro de la ciudad, la noche del 30 de mayo se recordó a los travestis, gays y lesbianas que han sido víctimas de la intolerancia y el odio. Un centenar de activistas marchó al compás de una banda de música bajo la consigna "La Homofobia Mata" hasta el Palacio de justicia.

Diario de Lima Gay-.
El 31 de mayo es en Perú el Día Nacional de Lucha contra los Crímenes de Odio hacia las Minorías Sexuales, en recuerdo del brutal asesinato cometido contra travestis y gays, en 1989 en el bar "las Gardenias" de la ciudad de Tarapoto.

El sonido de la banda de música trajo a la memoria los entierros que se realizan en los pueblos andinos. La ropa , velándose con respeto, nos recordó a los miles de travestis, gays y lesbianas que han sido víctimas de crímenes de odio en el Perú. No sabemos sus nombres, ni siquiera donde están sus cuerpos pero ayer se les rindió homenaje .

Todo empezó cerca de las 8 de la noche en el jirón de la Unión, frente a la iglesia de La Merced. La ropa se colocó en el suelo y a su alrededor se pusieron velas y flores. Conocidos activistas y artistas de la comunidad gay lésbica y trans se hicieron presentes para esta ceremonia como Belissa Andía, secretaria de ILGA, Jana Villaizán, Frau Diamanda, Giuseppe Campuzano entre otros.

A las 10 el cortejo de deudos simbólicos, conformado por un centenar de personas, se puso en marcha acompañado por la música de la banda, que interpretaba temas criollos y andinos. Todos portaban velas o antorchas y algunos lanzaban petalos de flores al camino.

Recorrieron ell jirón de la Unión, llegaron a la Plaza San Martín, donde un grupo de lesbianas realizóuna performance, y prosiguieron hasta el Paseo de los Héroes Navales para ubicarse frente al Palacio de Justicia. Un destacamento de la policía los acompaño durante el recorrido y se colocó en el frontis de la sede del Poder Judicial, para evitar que se acerquen demasiado.

Sobre la amplia plaza se volvió a velar la ropa y se desplegó un enorme cartel que decía "La Homofobia Mata". Allí, hizo uso de la palabra Tito Bracamonte del Movimiento Homosexual de Lima para recordar la razón de esa ceremonia y la necesidad de luchar para erradicar la homofobia que destruye las vidas de cientos de miles de peruanos que son excluidos, discriminados e incluso asesinados sólo por ser diferentes.

Ya cerca de la medianoche, se guardó un minuto de silencio y la ceremonia concluyó.
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Joven denuncia policía Zaragoza por paliza en comisaría, mismo día que transexual vejada

20Minutos-.
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“La Comisaría de los horrores”

Es de la comisaría de San José, donde los agentes ya han sido acusados de vejación y agresiones a una transexual el mismo día.

Eva Laguna/Diario 20 minutos-.
Un joven de 25 años ha denunciado a un agente de la comisaría de San José por propinarle una paliza el pasado 18 de mayo, cuando estaba detenido en ese recinto policial. Ésta es la segunda denuncia contra los policías que estaban ese día en la comisaría, ya que Tatiana Sánchez también acudió a los juzgados por la misma razón la semana pasada. En su caso, afirma que los agentes se burlaron de su condición de transexual y le agredieron.

El joven, que estaba en el calabozo, vio cómo se reían de Tatiana, y luego la tomaron con él porque les pidió ir al baño varias veces (padece incontinencia urinaria).
Afirma que le insultaron y, mientras un agente le pegaba con una porra, otros dos miraban.

Tras la paliza, el joven dijo que tomaría medidas. Según consta en la denuncia, los agentes se rieron y dijeron que declararían que se había autolesionado. «Sólo quiero que no queden impunes por llevar una placa», explica.

Daños físicos y psicológicos

La denuncia del joven recoge que sufrió lesiones en el tronco y en las cervicales, que le obligaron a llevar collarín durante nueve días. Además, está acudiendo al psicólogo. «La escena no deja de repetirse en mis sueños y paso mucho miedo cuando veo a un policía», afirma. El joven asegura que se ha vuelto más introvertido y desconfiado, y que se sintió vejado con el trato que recibió en la comisaría.

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Presidente del Gobierno en Debate Estado Nación anuncia la Ley Identidad de Genero

Diario La Rioja y www.carlaantonelli.com
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Diario Rioja-. Zapatero ha hecho también especial hincapié en los avances sociales logrados desde en sus dos años de gobierno. La bodas y la posibilidad de adopción de las personas del mismo sexo, así como la posibilidad de que los transexuales puedan cambiar su identidad de forma legal han sido dos de los puntos que ha recalcado. A ellos ha unido otros "avances", como el hecho de que "las mujeres estén hoy más protegidas ante la violencia de genero" a pesar de que "los malditos asesinos sigan humillándonos con el dolor de sus muertes".

Discurso del Presidente José Luís Rodríguez Zapatero:

“ Señor presidente, señoras y señores diputados, iniciamos hoy el debate sobre política general que conocemos como el del estado de la Nación. Es, pues, un debate sobre la situación de España. Por ello de lo que les quiero hablar hoy es de la España real, de lo que es España ahora y de lo que podemos hacer que España sea en el futuro…..

…..Más personas disponen hoy, en nuestro país, de más derechos que hace solo dos años. Unas veces, los hemos afirmado; otras, fortalecido, y en muchos casos los hemos reconocido por primera vez en nuestra historia. (Aplausos.) Las personas del mismo sexo pueden contraer matrimonio y adoptar. Quienes deseen divorciarse pueden hacerlo de forma rápida y libre. Las mujeres están más protegidas ante la violencia de género, aunque los malditos asesinas sigan humillándonos con el horror de sus muertes. (Aplausos.) Los padres que tengan un hijo con determinadas enfermedades genéticas pueden concebir un hijo sano que contribuya a salvar a su hermano. Pronto, todo ciudadano podrá ver respetada su identidad de género. Los pensionistas del SOVI pueden, por fin, compatibilizar su pensión. Los investigadores jóvenes y los profesores contratados han visto incrementada su estabilidad laboral. Todos los ciudadanos han visto ampliadas sus posibilidades de información plural y de entretenimiento con la televisión digital terrestre. Los españoles en el extranjero han visto asegurado su derecho a pensiones y a la asistencia sanitaria con el Estatuto de los Españoles en el Mundo. Los miles de cooperantes, que ennoblecen nuestro pasaporte, desarrollan desde ahora con garantías su vocación de entrega a los más desfavorecidos del mundo con la aprobación del Estatuto del Cooperante. Todos hemos visto reconocido el derecho a recibir de la Administración información, y no propaganda partidista, con la Ley de Publicidad Institucional……

Señorías, el Gobierno se muestra razonablemente satisfecho con la evolución de España pero no conformista ante la situación de la nación porque el proyecto que represento nunca alcanzará su cota de ambición para con España “