11 marzo 2006

Un estudio revela la vida y los padecimientos de las travestis

Noticia extraída de Página/12

Por primera vez, un informe sistematizó la situación de las travestis: violencia, vivienda, salud, educación. El libro que recopila el estudio fue publicado por Madres de Plaza de Mayo.

Por Emilio Ruchansky


Dentro de la comisaría, por la calle, en la escuela, en el hospital, en un boliche, en su vecindario, entre sus familiares, en los medios de transporte, en cualquier oficina pública. En ese orden y en esos ámbitos, más del 90 por ciento de las travestis, transgéneros y transexuales sufrieron y sufren sistemáticamente algún tipo de violencia. Cuando el formulario de la encuesta realizada en Capital Federal, Gran Buenos Aires y Mar del Plata pedía “respuestas con un máximo de tres opciones posibles”, aparecieron las especificaciones: lideran las burlas e insultos seguidas por las agresiones físicas (en un 72,8 por ciento), la discriminación y el abuso sexual. “Estos resultados le ponen cifras al daño irreparable de la discriminación, del sufrimiento innecesario, de las barreras absurdas para el ejercicio de los derechos elementales que se levantan para algunos sujetos por el mero hecho de su identidad sexual”, señala la filósofa e investigadora Diana Maffía en el prólogo de La gesta del nombre propio, un libro que recoge y analiza los datos relevados durante el año pasado por la Asociación de Lucha por la Identidad Travesti y Transexual (Alitt). El informe también da cuenta de las dificultades que tienen las 302 travestis encuestadas para acceder a la condición de ciudadanía, la vivienda, el sistema de salud o la educación.

Una larga lista de nombres de travestis muertas en los últimos cinco años, mencionadas durante la investigación, abre el primer capítulo de este libro. Suman en total 420 y más del 60 por ciento murió de sida. La encargada del capítulo de salud, la socióloga María Alicia Gutiérrez, da algunas pistas al citar a un médico del Hospital Muñiz que trabaja en la unidad especial para el tratamiento de VIH:
“La primera controversia es sobre dónde deberían ser internadas. Nunca se les preguntaba a ellas dónde querían ir. Allí comienza una primera situación de conflicto porque no querían ir a la sala de varones porque eran abusadas por pacientes, familiares de enfermos o por los propios enfermeros”.

Más del 85 por ciento de las entrevistadas sufrió algún tipo de abuso policial. A diferencia de las situaciones de violencia, a mayor edad aumenta la proporción de víctimas de abusos policiales:
el más mencionado es la detención ilegal que sufre el 90 por ciento de las encuestadas, seguido por los golpes perpetrados por el personal policial y el pedido de coimas. Estas últimas crecieron como consecuencia de la reforma del Código Contravencional de 1998.

Esta modificación no habilitó a la policía para detener a quienes violaran ese artículo, ya que los efectivos debían avisar al fiscal responsable de impartir las instrucciones del caso. Pero en lugar de notificar al fiscal, la policía exige una coima.
La copia de una denuncia –contenida en el libro– testimonia esta situación: “Sr. Defensor: al regresar a mi casa del barrio de Congreso, donde ejerzo la prostitución, un agente de la policía que estaba en la esquina de Cochabamba y Luis Sáenz Peña se acercó a mi domicilio y me dijo que ejercía la prostitución en mi casa y me pidió 50 pesos para no hacerme la vida imposible. Como no le di, tocó, a las cinco de la mañana, el portero eléctrico de todos los vecinos preguntando ‘¿acá vive una travesti?’. Pido la intervención de la Defensoría del Pueblo. Me amenazó con hacerme la vida imposible hasta que abandone la jurisdicción de ellos”.

La criminalización de la identidad travesti y la estigmatización que apareja el ejercicio de la prostitución callejera –principal fuente de ingreso para el 80 por ciento de las encuestadas– coloca al colectivo en una posición muy vulnerable. No es casualidad encontrar que el segundo lugar de las causas de fallecimiento, 17 por ciento de los casos, sea el asesinato. El resto de las causas de muerte mencionadas incluyen accidentes de tránsito, suicidio, cáncer, cirrosis, sobredosis, diabetes, abandono de persona y complicaciones derivadas de procedimientos de inyección de siliconas.

“Lo más sorprendente –afirma la antropóloga Josefina Fernández, una de las compiladoras del informe– fue el momento en que comenzamos a procesar las listas de travestis muertas conocidas por las mismas entrevistadas. Esta fue una experiencia verdaderamente increíble para todas las integrantes del equipo de trabajo: para unas porque el número es en sí mismo escalofriante, todas muertes evitables; para otras porque en cada nombre había una anécdota, una historia de vida.”

La marginación y la inequidad impuestas a las travestis también pueden verse en las aulas. Si se contrasta el nivel de deserción escolar del último del censo oficial de 2001 para Ciudad de Buenos Aires y los partidos del Gran Buenos Aires, la comunidad travesti duplica la proporción de la población general (de 15 años y más) que no terminó la escuela primaria. Más del 60 por ciento de las entrevistadas que abandonaron la primaria asumieron su identidad de género antes de los 13. El motivo de deserción escolar más mencionado: la discriminación. Una vez más, los testimonios humanizan las estadísticas:
“La primera situación de normatividad que yo registro es en la escuela. Yo (hasta ese momento) era libremente una niña que estaba entre un montón de hermanos, que no sabía si era niño o niña porque a nadie le importaba, era free. Pero cuando yo ingreso al sistema de escolarización lo que yo sentí era la necesidad imperiosa de esa escuela de ponerme en un lugar, de situarme una conducta y una conducta súper expulsiva”.

Publicado por la editorial de las Madres de Plaza de Mayo, este informe fue realizado por activistas travestis, transexuales, transgéneros, feministas y mujeres del campo académico. La selección de este grupo no fue casual, como advierte la otra compiladora del libro, la activista Lohana Berkins: “Responde a la vocación de nuestra organización de romper las fronteras que separan academia de activismo”.

La gesta del nombre propio puede leerse en dos sentidos, apunta Josefina Fernández:
“Todos los testimonios tienen por detrás la lucha por el nombre propio, por ser nombradas por el nombre elegido. Por ese nombre propio, las travestis no asisten al médico, no concurren a los hospitales, no acceden a la educación, al trabajo; por ese nombre propio son expulsadas de sus hogares. Por otro lado, quienes participamos en este libro esperamos que sea también la gesta del nombre propio para el colectivo travesti, que sea ese primer relato en torno del cual aglutinarse, politizar el padecimiento, proyectarlo”.

El libro será presentado hoy, a las 19, en la Biblioteca Popular Julio Huasi, Hipólito Yrigoyen 1584. Habrá una mesa redonda en
la que participarán Diana Maffía, Liliana Daunes, Lohana Berkins y Paula Viturro.

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Nota:En la misma noticia se recogen otras subnotas, referentes a este artículo, te lo paso a copiar.
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“El primer relato”

“La gesta del nombre propio es un primer esfuerzo de la comunidad travesti por elaborar un relato sobre sí mismas. Cuando un grupo excluido cuenta con su propio relato, puede con éste impugnar, poner en diálogo o rechazar lo que se ha dicho de él hasta el momento. De lo contrario, la miseria simbólica, en el sentido más ajustado y literal del concepto, ahoga y cubre, se extiende sobre el colectivo sin más”, explica Fernández, integrante del Grupo Feminista Ají de Pollo, que publicó Cuerpos desobedientes en el 2004.
“Acompañar el proceso que dio como resultado el libro –agrega– fue muy interesante. Fue un trabajo colectivo en el transcurso del cual reuníamos y articulábamos trozos de experiencia de vida, individual y colectiva, en un discurso que habla no sólo de padecimiento sino también de lucha y resistencia.” “Intentamos incorporar la mayor variedad de voces posible y asegurar, en todas las etapas, la participación de personas travestis, transexuales y transgénero y sus organizaciones”, comenta Lohana Berkins que, además de ser en 2001 la primera candidata travesti a diputada porteña, recibió el Premio Felipa 2003 otorgado por la Comisión Internacional de los Derechos Humanos para la Comunidad Gay y Lesbiana, una ONG con base en Estados Unidos.

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La historia de Andrea

El libro recopila una serie de documentos y denuncias. Como ejemplo, se transcribe una de ellas, difundida por correo electrónico en marzo de 2005 por activistas de la Asociación Travestis, Transexuales y Transgéneros de la Argentina: “Andrea era una travesti de La Matanza (provincia de Buenos Aires). El día miércoles sufrió una descompensación por lo que fue trasladada al Hospital de La Matanza del km 32. Ingresa al hospital a las 23 hs. con una afección en el intestino. Desde el momento que llegó al hospital, ella y los miembros de su familia fueron muy maltratados y discriminados. El médico que la atendió dijo que no necesitaba de intervención quirúrgica en el momento, pero ella se sentía tremendamente mal. Discutió fuertemente con el médico por lo que éste manifestó que si no estaba conforme con la atención tenía las puertas abiertas para ir a otro hospital. Ante toda esta situación de abandono y maltrato, Andrea decide, el día jueves a las 22 hs., irse con sonda y suero en un colectivo hasta el Hospital Santojanni, de la ciudad de Buenos Aires. Ingresó al hospital casi sin pulso y en grave estado. Los médicos decidieron operarla el viernes entre las 7.15 y las 10 de la mañana. Desgraciadamente pierde la vida. El jefe del Hospital Santojanni denuncia al Hospital de La Matanza por mala praxis y abandono de persona. Como si se tratara de una burla, los restos de la compañera fueron retenidos hasta hoy lunes 21 a la tarde porque supuestamente se perdieron los papeles; si no fuera por compañeras y familiares que se acercaron a la morgue y presionaron en la comisaría, iba a ser cremada porque figuraba como NN”.

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