viernes, 7 de diciembre de 2007

Tailandia se especializa en turismo sanitario y sexual

Fuente: CaféBabel -.
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Bangkok con sus clínicas relucientes se ha vuelto la nueva capital del turismo sanitario. Sobretodo en lo que es se refiere a la estética o al cambio de sexo.

En una vasta planta baja con vidrios panorámicos, pacientes ingleses como emires saudíes empotrados en cómodos sofás, con un café en vaso de papel de Starbucks en la mano se encuentran en el Bumnungrad International, el hospital privado mas grande del sureste de Asia, escondido en el corazón de Bangkok.

En ese lugar, que parece un hotel de lujo como un centro comercial, donde las escaleras rodantes nos conducen directamente al MacDonald’s, a la librería o a las tiendas del segundo piso, estamos bastante lejos de los quirófanos. Ese es el deseo de la administración de este hospital de nueva generación, en donde se contratan a las enfermeras por sus diplomas así como por su físico (sic) y para el que se pide cita vía email desde el extranjero, después de haber consultado la ficha técnica Web con la fotografía de su cirujano.

Gracias a establecimientos como el Bummungrad, cotizado en bolsa, orgulloso de sus 400.000 pacientes extranjeros al año (un 40% de su clientela total), Tailandia se ha transformado en un destino de moda en poco tiempo. La tríada Sea, Sex and Scalpe (“Mar, Sexo y Escalpelo”), atrae a más de un millón de turistas al año, lo que equivale a un turista sobre diez de los que recibe este país. Una cifra que no parece detenerse. Este sector conoce en Asia un crecimiento de 20% a 30% al año.

Turismo sanitario de masas

America del sur, Singapur, India y Malasia no pueden hacer sombra a su vecinito tailandés, cuya calidad de cuidados sanitarios, sus tarifas y su infraestructura turística local son promovidos además por un organismo gubernamental: la TAT (Tourism Authority of Thailand).

Si los clientes adeptos a este turismo sanitario son en su mayoría norteamericanos, australianos, de Oriente Medio y de Asia, cada vez son más los europeos que piden los bisturís tailandeses, exasperados por la demora de las listas de espera y el precio de las operaciones en sus países de origen.

La base de ese apasionamiento es la cirugía plástica. Con una demanda creciente, las operaciones estéticas se han desarrollado muy deprisa en Tailandia. Cada vez acuden más europeos a tierras siamesas para “correjirse” imperfecciones de nariz (2.300 €), aumentarse o reducirse el pecho, eliminar arrugas o grasa con técincas innovadoras de liposucción. Mientras ella adquiere un contorno de cintura del tipo Elle, su marido aprovechará para acabar con su calvicie (1.400 €), borrarse tatuajes o aumentar sus pectorales.

Bumrungrad International recibe de 300 a 500 pacientes de este tipo al año, en su mayoría británicos, franceses y alemanes. Después de algunos días de restablecimiento, el hospital les propone por ejemplo, suites de convalecencia orientadas a las playas de Phuket y Pattaya antes de regresar a Europa.

Algunas agencias de viaje con buen olfato se han especializado, con el patrocinio de dispensarios locales, en proponer planes “todo incluido”: operación + hotel + playa, para los pacientes que son en realidad turistas, como los otros. Incluso Bumrungrad ha pasado acuerdos con Thai Arways para que las millas de sus pacientes equivalgan a un chequeo médico en el hospital.

Cambio de sexo

Por supuesto, todo esto cuesta. Por ejemplo, en el Bangkok Plastic Surgery Clinic del Doctor Pichet, director de la misma, un lifting cuesta unos 2.200 euros. Unos labios arreglados los mismo. Los pacientes europeos representan el 30% del total de su clientela y son en su mayoría mujeres. Este doctor tiene más de un bisturí en su bolsa, pues antes que nada es especialista en SRS, o sea Sex reassigment surgery (CRS, Cirugía de Reasignación Sexual), unas siglas misteriosas que evocan la cirugía de cambio de sexo.

Porque en la materia, los pacientes no faltan. “El 30% de mis operaciones son relativas al cambio de sexo, sobretodo del sexo masculino al sexo femenino, acompañados de operaciones de feminización de pecho y de rostro”, prosigue el doctor Pichet. “Un verdadero cambio de sexo necesita la aprobación de un psicólogo y el seguimiento pré y post operatorio, así como el cambio de identidad legal, notificado en la embajada ¡para que no retengan al paciente en la frontera!’.

El mismo sonido de campanas para el hospital público BNH de Bangkok, que recibe en promedio unos cincuenta clientes europeos al año, más que todo italianos e ingleses. Si el riesgo “cero” no existe en la cirugía plástica, los doctores afirman que las consecuencias de las operaciones son benignas y que los clientes salen completamente satisfechos. Si se juzgara por las sonrisas nuevas flamantes de los pacientes y las tarjetas de agradecimiento enviadas a sus doctores, terminaríamos convencidos de esto.

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