lunes, 24 de marzo de 2008

La dictadura militar y la represión dentro la represión ilegal

Fuente: SentidoG (Argenina)-.
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A 32 años después del golpe más sangriento de la historia Argentina, cuando ya nadie pone en duda el carácter genocida de la dictadura militar y cuando muchxs de las/os que hoy claman por los derechos humanos prefieren olvidar viejos silencios y complicidades, nos gustaría hacer alguna reflexión sobre las consecuencias del golpe sobre las luchas populares encaradas con alguna perspectiva de género, ya que la dictadura representó un genocidio humano y económico, pero también una masacre de las luchas, incluidas las de género.

La finalidad del golpe de estado fue la de desarticular la lucha popular organizada, única manera de imponer un plan económico que aún perdura y cuyas consecuencias sociales son por todas/os conocidas. El secuestro, la tortura, el robo de niñas/os como botín de guerra, la desaparición forzada de personas y los asesinatos masivos no fueron sino las condiciones necesarias para imponer un liberalismo salvaje a la medida del salvajismo de los dictadores y de los sectores civiles que promovieron el golpe de estado y se enriquecieron a la sombra de los fusiles.

En materia de género, la dictadura representó un duro golpe que todavía no fue debidamente reconocido, porque desarticuló y produjo un estancamiento en los movimientos feministas y de liberación homosexual que venían desarrollándose desde la década anterior. Se produjo un enorme retroceso, imponiéndose roles de género tradicionales, que relegaban a las mujeres a espacios domésticos y les demandaban una actitud pasiva en todo. La Iglesia fue erigida en la autoridad moral que determinaba roles y modos de comportamiento y vinculación para todos/as los hombres y las mujeres.

En Argentina, a tono con el origen y desarrollo en otros países de los movimientos feminista y de gays y lesbianas, y en gran parte por la creciente incorporación de mujeres en el mercado de trabajo a partir de la década del 50, se conforman reuniones de reflexión sobre la cuestión feminista. Sin embargo, al analizar el desarrollo de reflexiones y reivindicaciones feministas en la década del ´70 no podemos limitarnos en nuestro país sólo a la existencia de organizaciones de mujeres claramente embanderadas con el feminismo, sin atender al proceso, individual y político, que la gran cantidad de mujeres militantes en los sectores de izquierda hicieron, truncado de la manera más violenta y cruel por la dictadura. Es una deuda pendiente el abordar seriamente los cuestionamientos de género que comenzaron a surgir a partir de la intensa y comprometida participación de estas mujeres en los movimientos políticos y sociales de las décadas de los ´60 y ´70, necesarios para la recomposición del movimiento feminista desde 1983 en adelante.

La cuestión homosexual en nuestro país, se había manifestado públicamente en 1968 mediante la publicación de una revista llamada "Nuestro Mundo", y con el posterior surgimiento, en 1971 del Frente de Liberación Homosexual (FLH), que intentó plasmar las reivindicaciones homosexuales en la sociedad de los ´70. Sin embargo, tanto para las feministas como para homosexuales, el enemigo principal era la Iglesia con su enorme poder.

El golpe de Estado fue una alianza de sectores reaccionarios en lo social con sectores liberales en lo económico. En los siete años que duró la dictadura, todos estos movimientos fueron fuertemente golpeados hasta ser casi aniquilados. Las/os principales referentes del FLH tuvieron que partir al exilio. Tal fue el caso de Néstor Perlongher (exiliado en Brasil) o Blas Matamoro y Héctor Anabitarte (exiliados en España).

Muchos de los antiguos militantes del Frente de Liberación Homosexual (FLH), que habían irrumpido en la esfera política, en un conflictivo dialogo con la izquierda revolucionaria nativa, buscan un refugio en el extranjero, donde prosperan las nuevas teorías libertarias asociadas al Mayo francés y al movimiento californiano.

Ser gay en los años de plomo no era nada fácil. Los mas arriesgados han utilizado para sus encuentros –mas allá de las comunes calles del pecado- los cines X y los baños públicos, convirtiendo la expresión “salir del closet y ganas las calles” en algo mas que una figura del “darse a conocer”.

El secuestro y desaparición de personas frenó las reivindicaciones de toda clase, sobre todo de las feministas y los/as homosexuales, que no sólo eran blanco de los militares en términos de represión política y desaparición física, sino que sufrieron también el embate del discurso religioso y conservador de la Junta a nivel social, que se plasmó en todas las instituciones (escuelas, legislación, iglesia, etc.), y que significó un terrible retroceso en cuanto a la lucha por el reconocimiento de la diversidad sexual, de los derechos sexuales y reproductivos, del derecho al aborto, etc. La sociedad argentina debió marchar al paso de las botas militares, que querían mujeres amas de casa, madres y sobre todo sometidas. Los hombres debían ser machos heterosexuales. Las lesbianas en este esquema no existían. Las travestis tampoco.

En la oscuridad, mientras tanto, las mujeres y las/os militantes homosexuales sufrían el ensañamiento de la tortura sobre sus cuerpos focalizada en su sexualidad y genitalidad. El trato que recibieron las personas homosexuales –se calcula que hay alrededor de 400 desaparecidas/os-, fue especialmente sádico y violento, y las mujeres eran sometidas a violaciones y humillaciones sexuales sistemáticas. La apropiación del cuerpo de las mujeres se extendió también, al nacer sus hijas/os en cautiverio, a ellas/os, en lo que hoy sabemos que fue un método sistemático de robo de niñas/os.

Aun con el fin de la dictadura, la homofobia se hizo su espacio, ya que en el informe oficial de la CONADEP, el "Nunca Más", el trato "especial" hacia las personas gltb fue silenciado e invisibilizado, por presiones del ala católica de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH), con la anuencia de otros organismos. En el mismo informe, se detalla que las mujeres fueron el 30 por ciento de las/os desaparecidas/os, y el 3 por ciento eran mujeres que estaban embarazadas.

El Ambiente

Tímidamente los gays se refugiaron en locales del el Gran Buenos Aires. Por Ramos Mejia estaba Jaula, Quemoquemo en Avellaneda, y Freedom, el Vikingo, de Santa Fe y Callao, y La Gayola, en Caseros. Monalí de Lanús, un boliche bailable que parecía un club de barrio, donde dos chicas lesbianas ponían discos simples en un Winco, fue cerrado después que un grupo ametrallara el frente del local, produciendo una cinematográfica estampida de travestis por los techos del barrio.

En Paraguay y Larrea había un sauna en que disimuladamente “pasaban cosas”, aunque ya había cerrado otro sauna que en los primeros 70 había prosperado discretamente, el Juventus, en Pacheco de Melo y Azcuenaga, que comenzó a perder su encanto el día que una razia de la Policía Federal se llevo detenidas a cuarenta personas después de fotografiarlas y escarcharlas en los diarios.

Los cines ya no eran lo que habían sido. El director del Ente de Calificaciones Cinematográficas, Miguel Tato, declaró en 1975: “Tenemos que controlar las actividades homosexuales en las salas cinematográficas, epicentro de homosexuales en busca de aventuras o ya embarcados en ellas”. Solo permanecieron abiertos el Rosemarie (de Corrientes y Suipacha), y el Avenida (de Avenida de Mayo al 600). Había que darle propina al acomodador para que, cuando llegase la Policía, avisase iluminando el techo con su linterna. Era la señal. Como podían, los muchachos se acomodaban la ropa y, rígidos, miraban hacia el frente, como siguiendo la historia que quizás habrán terminado conociendo de tanto ir a la sala. En todo caso, era difícil que se salvaran de la visita a la comisaría, con el “2º H”, el famoso edicto policial, encima.

El Mundial 78

El Mundial también requirió que se espantase aun más a los homosexuales. “había que espantar a los homosexuales de las calles para que no perturben a la gente decente”, dijo el jefe de la Policía.

En junio de 1978, debido a las presiones del obispo de San Martín, Monseñor Manuel Menéndez, se cerró La Gayola. En los meses siguientes se repitieron procedimientos similares que dejaron un saldo de más de mil cuatrocientas personas detenidas.

La homosexualidad fue obligada a recluirse ahí, donde no que quería que se escapase: la tetera volvió a ser el club, la libertad entre urinarios, el único espacio permitido. Esto no significaba que los baños públicos no fueran también objeto de constantes visitas policiales.

Como cualquier paseo por la ciudad podía ser el pasaporte para un 2º H, los homosexuales se acostumbraron a viajar en taxi, lo cual encarecía la vida cotidiana pero resultaba preferible a pasar cinco días en Devoto.

Con el fin de la dictadura, se reorganizó la lucha y se conquistaron algunas reivindicaciones que beneficiaban a los sectores medios y altos. En la década del ´80 se legalizó el divorcio vincular y la igualdad de las/os hijas/os nacidas/os dentro del matrimonio y fuera de él. Pero las discusiones que se daban en los ´60 no obtuvieron más respuesta que la represión, y es así como hoy en día se está todavía discutiendo sobre la educación sexual en los colegios, sobre las pastillas anticonceptivas gratuitas y la legalización del aborto libre, seguro y gratuito, reivindicaciones que en otros países son incuestionables. Es también en esa época que gays, lesbianas y travestis tienen que iniciar el lento camino de la visibilidad frente a una sociedad influenciada por la visión militar de las minorías sexuales.

La lucha contra la dictadura y por los derechos humanos, hoy, no está en los homenajes solemnes que pronuncian los políticos representantes del gran capital, ni en los feriados nacionales, ni en las frases altisonantes de quienes ocupan la política. La lucha contra la dictadura y por los derechos humanos está en la lucha cotidiana del pueblo contra la explotación de clase y la opresión patriarcal. Y, desde las reivindicaciones de género, está en cada mujer que aborta clandestinamente a pesar de los mandatos de la Iglesia. Está en las personas que luchan por la legalización del aborto. Está en la lucha por los anticonceptivos gratuitos. Está en la lucha contra la violencia de género. En la lucha contra la mercantilización de los cuerpos y la alienación de las personas que significa la prostitución. Está en cada gltttb que se niega a ser la escoria de la sociedad y a ocupar el lugar que le quieren asignar los medios.

El mejor homenaje a las/os desaparecidas/os de ayer no está en los bronces, sino en la lucha de un pueblo que no se resigna. En el latir de cada lucha de hoy, laten la pasión, el compromiso y la esperanza de las/os 30.000.

El saldo que dejo la más sangrienta dictadura que sufrió la Argentina fue de 30.000 compañeros y compañeras detenidxs-desaparecidas/os, lo mejor de la generación de los ´70 fue exterminada sistemáticamente.

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Nota personal: Lo que más me impacta además de lo que ocurrió es que después de 32 años aun en un medio de comunicación de gais, lesbianas y transexuales, aun se escriba travesti o travestis en lugar de personas transexuales...

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