miércoles, 19 de julio de 2006

¿El fin de los derechos civiles?

El Norte de Castilla-.Escrito por:JAVIER MONTILLA VALERIO Y JESÚS FERRERO/ESCRITOR Y PERIODISTA-.
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Ha pasado un año. Aún recuerdo aquel estruendoso aplauso que hacía retumbar todo el hemiciclo del Congreso de los Diputados. Arriba, cientos de personas aplaudiendo en la tribuna de invitados, disfrutando de aquel momento que tanto había costado conseguir. La aprobación de la ley que ha permitido el matrimonio entre personas del mismo sexo y que ha cambiado de forma irreversible la realidad social española, no solo ha ganado la batalla de la conquista social para un colectivo, también la sociedad ha ganado en dignidad y en ciudadanía. Estoy convencido que la ampliación de derechos civiles no es un logro individual, es el triunfo de la democracia. En definitiva, el éxito de una sociedad plural. Lejos quedan aquellos interminables momentos en los que los derechos de las personas eran vulnerados por un país que no les abría las puertas, que permitía la exclusión social como arma arrojadiza, que interponía sus leyes morales y dictatoriales a la realidad. Almas encerradas en los armarios más ocultos de la sociedad. Gente sin miedo, amando sin complejos. Nuestra historia, nuestra pequeña historia, está llena de momentos trágicos que han marcado la vida de muchas personas. Instantes de golpes y represiones. Pero, por suerte, la evolución humana parece ir muy por delante de su propia organización social, y es ahí donde los homosexuales han peleado por abrir puertas y ventanas por donde respire toda la ciudadanía. Durante este año han sido multitud las parejas que han hecho uso de las nuevas libertades para regularizar su situación afectiva. ¿Es necesario determinar un número? ¿Realmente importa? Algunos todavía utilizan un baile de cifras para amparar sus tesis o catalogar de innecesaria la ley, según se mire de izquierda a derecha. Esta ley no tiene ideología. Las leyes son de todos.

Un año después, el PP parece olvidar lo que en su día se empeñaba en calificar de atropello moral y del fin de la familia, salvaguardado por la jerarquía más conservadora y por los medios de comunicación afines. El recurso que interpusieron ante el Tribunal Constitucional ha quedado silenciado, quizá por falta de argumentos. ¿Quién puede discutir que las libertades se celebran, no se recurren? Durante este año el PP también ha hecho uso de los derechos. Me refiero a la hipermediática boda del concejal orensano José Araujo. Al fin y al cabo, el PP sabe que el 41% de sus votantes apoyaban hace un año el matrimonio homosexual. Resulta paradójico observar a diario cómo al PP se le quieren negar todos los grandes logros que consiguió en sus ocho años de gobierno. Es un tremendo error que nos conduce a una fractura social que va a dejar secuelas. Pero hemos de reconocer que es este Gobierno socialista el que va a poner a España a la cabeza de los derechos civiles, que no es ni más ni menos que encabezar la lucha por los derechos humanos.

Pero la batalla no se ha acabado con esta ley. Un año después, un nuevo reto es necesario conquistar para que realmente vivamos en un país socialmente más justo. La ley de identidad de género supondrá que las mujeres y los hombres transexuales puedan cambiar su sexo registral sin necesidad de someterse a una operación quirúrgica, como hasta ahora se exigía. Entre otras cosas, porque son muchas las personas que no se someten a las operaciones, llamadas plastias, bien porque no pueden o porque no quieren. Será sin duda una de las leyes más avanzadas de Europa.

Es posible que la sociedad aún no haya entendido que la transexualidad no es una patología, aunque algunos se enorgullezcan de pensarlo. Ni un simple capricho. Es sencillamente romper con todos los estigmas que se han atribuido al hecho de ser transexual. Porque no dudemos que este proceso nos urge. Cada día, cada minuto, es un calvario innecesario para millares de personas transexuales en España. ¿Existe mayor discriminación que aquella que no permite a la persona vivir con el sexo que verdaderamente siente? ¿Quién puede negar que no existe una discriminación, si nueve de cada diez personas transexuales no pueden trabajar por no llevar un DNI acorde al sexo en el que vive y su única salida es la prostitución?

Las leyes todavía están muy por encima de la sociedad y es necesario que desde todos los ámbitos sociales y públicos se siga apostando por una educación y una pedagogía que se encamine hacia la erradicación de cualquier tipo de agresión y discriminación.

Porque el verdadero cimiento de una sociedad democrática radica en legislar acuerdos que transformen la sociedad y apuesten por la ciudadanía.

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