martes, 16 de agosto de 2005

Confianza...Desconfianza

Estamos en una sociedad en la que la poca confianza o la desconfianza brillan como una estrella. Es penoso, conocer personas, y que estas personas vayan mostrando una confianza que con el tiempo, también desde mi desconfianza, vas descubriendo de que o algo falla o hay “gato encerrado”, esto es algo que realmente nunca llegaré a comprender, nunca lo he entendido.

Desde muy joven he sentido en mis carnes esa desconfianza, no tan propia, sino, más bien del exterior y/o de mi entorno, las personas, algunas al menos muestran esta desconfianza, siempre desde mi punto de vista, que en realidad padecen de una gran impersonalidad, poca autoestima, y miedo hacia el exterior.

Siempre he intentado luchar por que las personas de mi entorno, no sufran ni físicamente ni espiritualmente de esos síntomas típicos que producen la desconfianza, pero si la relación no es real, el fin de ese desarreglo no llega jamás.

Por mi parte siempre he tenido mucha confianza y fuerza en mi misma, para, poder hacer comprender a las personas que sufren la desconfianza, con mis mejores armas, con comunicación, con comprensión, e incluso con técnicas conductivas, pero está claro que el trasfondo de la desconfianza, tiene algún tipo de arraigo desde la infancia, tal vez en la educación recibida o en las compañías de juego, que hace de una pequeña y quizás nimiedad de incertidumbre, que con el paso de los años, esta se va agrandando como una bola de nieve.

Realmente cuando encuentro en mi camino a alguna persona con tal desarreglo, intento llegar a un trasfondo precisamente y también con mi pequeña porción de desconfianza, ya que hay personas que precisamente saben jugar con las cartas de la desconfianza desde un punto de vista, único y absoluto para poder ganarse la confianza de la parte contraria, esto me parece hasta un poco guerrero, ya que procurar ganarse la confianza de alguien simplemente utilizando el método de vanagloriar los actos de la parte contraria, incluso me resulta algo ruin y poco confiable, en mi caso para una misma.

No es esta mi manera de ganarme la confianza de alguien que en un principio, muestra desconfianza, mi método es algo más trabajado en muchos ámbitos, que desde luego no escribiré aquí, precisamente por la propia desconfianza.

En definitiva encuentro lógico tener una balanza espiritual y cerebral equilibrada de desconfianza y confianza, ya que si alguna vez una de las dos parte de la balanza pesa más, hacia un lado, el equilibrio se pierde y ni es bueno tener mucha confianza, ni mucha desconfianza, o poca confianza, ni poca desconfianza.

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